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viernes, 10 de enero de 2014

La llamada de lo Salvaje.

Al igual que Buck, el protagonista de la novela de Jack London, abandonamos nuestras mansiones, ya sea de forma forzada como le sucedió al noble animal, o de forma voluntaria, para volver a tomar contacto con la naturaleza.
Correr por la montaña tiene esa esencia de cambio y de contacto con la naturaleza, pero no sólo con la que nos rodea, también con un viaje interior hacia la búsqueda de quiénes somos realmente.



Vivimos tiempos ajetreados, los estímulos son directos, agresivos, la sociedad nos obliga a ser los mejores, a llegar más lejos, a competir en prácticamente todo, y tendemos mucho a la imitación de ídolos y referentes. Nos estamos volviendo locos y a mí personalmente me provoca cierta inquietud el camino que está tomando el trail running. Seguramente esté equivocado, pero no sé distinguir, o al menos es mi percepción, si la demanda de tantas carreras, y por supuesto a cuál más dura, larga, arriesgada, es porque la verdadera intención del corredor no es la de disfrutar y vivir lo que hace, sino la de coleccionar un currículo deportivo que impresione por su peso. Yo puedo ser el primero en meterme en el grupo, soy uno más de este circo. Dorsalitis.

Pero creo que es bueno recordarse las emociones y sentimientos que uno tiene cuando ha corrido en montaña, ultrafondo, que exigen que busques lo mejor y más esencial de ti mismo, no para llegar a meta como principal objetivo, sino simplemente para pisar las piedras y la hierba y percibirlas, que con cada paso avances hacia un descubrimiento de tus capacidades, tu verdadero yo, porque en esos instantes, no hay distracciones sobre quién eres y qué haces. Correr porque el hombre ha corrido toda la vida para vivir. Nosotros podemos emular ese ejercicio de libertad absoluta, la recuperación de nuestros instintos más salvajes y particulares, y como seres racionales que tendemos a la emocionalidad, abandonar esa razón para sentir nuestra esencia como personas.

Todo eso siento cuando corro en esos espacios naturales, cuando mi cuerpo parece que no puede más y la búsqueda de fatiga parece una autocastigo, todo adquiere un sentido cuando te descubres, te sorprende quién llevas dentro, el que te dice "sigue, porque ahora mismo eres el loco más feliz del mundo".

No soy nadie para aconsejar, tan sólo os diría, antes de inscribiros a una prueba, antes de ponerte un dorsal, de hacer un entrenamiento, piensa por qué lo haces, se auténtico contigo mismo, aunque los estímulos, el afán competitivo y un poco narcisista, legítimo, humano, estén latentes, de verdad, rasca dentro de ti y recuerda lo más puro que has vivido corriendo, y si todavía no has sentido todas estas tonterías que te cuento, te garantizo que las vivirás. 

El viaje hacia la meta es lo importante, no la meta en sí,  porque te puedes encontrar a ti mismo en estado puro. Corre por correr alguna vez, sin dorsal, y deja que las piernas te lleven sin más.




7 comentarios:

  1. Tus primeras entradas en este blog me parecieron muy interesantes, ésta me parece cojonuda. Bravo.

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    1. Gracias Jorge, muchas gracias por el apoyo, espero que te guste.

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  2. Buena entrada compañero me ha gustado sobre todo por que me siento muy identificado un saludo

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  3. Estoy de acuerdo con Jorge. Excelente!

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  4. Como Tim Kabrè dice en su novela (El Ciclista), subimos a esas montañas, una tras otra, porque están ahí.

    Correr de esta manera no es un ejercicio físico. Es una emoción (y todas las emociones se reflejan, antes que en el entendimiento, en el curpo).

    Enhorabuena por la entrada.

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