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miércoles, 25 de junio de 2014

Berri undressing





No es la primera vez que hablo de mi nostalgia hacia este paraíso. El otro día recibí un mensaje con una foto de un amigo bajando un barranco en Guara. Un sin fin de emociones se apoderaron de mí en ese instante.
Guara es un paisaje puro, inmarcesible, tal y como le gusta decir a otro amigo. El agua erosiona permanentemente la roca y no la destruye, lo que consigue es un paisaje de mayor belleza. Estar en el interior de uno de estos barrancos, es estar en un paisaje que no cambia con el paso del tiempo, algún tronco arrastrado por una crecida, o alguna roca movida por las corrientes, pero la esencia del interior del barranco no cambia. Es como el interior de las personas.  El entorno social y económico de la zona tampoco ha cambiado mucho, algunas infraestructuras han mejorado, pueblos como Alquézar, una maravilla algo desconocida, enfocan su actividad hacia un turismo creciente.  La economía global, los avances tecnológicos, la llegada de turismo, podrá cambiar la fisionomía externa de los entornos naturales, pero nunca llegará al interior de un barranco, y serán de los pocos lugares que seguirán siendo como han sido siempre. Lamentablemente en algunos casos, no se puede decir lo mismo de otros ecosistemas y parajes naturales como montañas y playas.



Rápido, con toda esa agitación de emociones, me puse a pensar en por qué una parte de mí se ha quedado metida en el fondo de esos barrancos. La belleza natural y salvaje es la causa principal, pero dentro de ellos, pude ver que las personas, si queremos, podemos brillar como uno de estos barrancos. Debemos aprovechar la erosión que provocan los errores, los fracasos, los golpes en la vida, tal y como sucede en la roca con el agua, para ser mejores, para ser más puros. Estoy muy moñas, rozando el patetismo, pero es cierto que en la época que hice barrancos, yo no estaba pasando mi mejor momento personal, y Guara significó un encuentro con la paz, con lo sincero,  y con un momento de libertad necesaria.
Puede que ahora, después de tantos años, sepa mejor quién soy, o mejor dicho, sepa buscar mejor quién quiero ser. Mucha de la culpa de saber perdonarme mis errores, se la deba a haber vivido dentro de esos barrancos algunos de los momentos más sinceros y maravillosos de mi vida, influenciados por una naturaleza magnífica, agreste, primitiva.


 
Aunque sigo siendo un error humano y lo he sido durante toda mi vida, trato de ser moderado, reflexivo, responsable, y sobre todo, aunque parezca gilipollas, quiero ser gilipollas con diploma, es decir,  quiero vivir con la pantalla de mis valores por delante, para tratar de no saltármelos. Me da lo mismo la imagen que pueda dar, tengo mis cosas chungas, cuando pierdo la paciencia soy vehemente, pero sé perdonar rápido… lo más importante es que quiero ser noble y bondadoso con quién quiero, lo intento con todas mis fuerzas, fiel, siempre, no puedo con el engaño y el cinismo. No me cuesta pedir perdón, quizá todo este montón de letras tan lamentables no sean más que una forma de decirle a todas las personas que han pasado por mi vida, que me perdonen los errores, pero que al que aprecio, le apreciaré siempre, aunque yo sea un gilipollas que no coja un teléfono para llamar, o un dejado para retomar ciertas relaciones.
Y este es el caso. La persona que me envió la foto es mi amigo, y lo será siempre, y la foto no ha hecho más que recordármelo. Nos veamos o no, nos llamemos o no. Forma parte de mi vida como yo de la suya.


Días durmiendo en una tienda escasa para dos, con un olor indescriptible, mal comiendo, bocadillos a deshoras, poniéndonos el neopreno mojado del día anterior entre terribles muecas de frío y asco, el pasillo de los Oscuros del Balcés, la encina característica del inicio del Cueva Cabrito,  y su erosión helicoidal final, el salto de la presa de Bierge, correr al baño en Ordesa a plantar el pino urgentemente, después de estar todo el día sin calzoncillos porque no quedaban limpios, conocer a aquella pareja tan especial de León bajando barrancos, y los saltos a las pozas finales de los Oscuros, gritando gilipolleces de los años del colegio.
Una vez le dije a una persona que lo peor que me había pasado en la vida, en aquellos momentos, era el haber perdido la inocencia, estaba dañado. Puedo decir que el paso de los años me ha reparado, y me siento otra vez una persona inocente. Haber estado en los barrancos de Guara influyó mucho.
Pero que tolili soy!!!


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